Continuamos la limpieza del terreno, lo cual poco a poco nos fue develando sus grandes
formaciones rocosas que delimitaban sectores potencialmente desarrollables; la lluvia nos
indicaba formación de causes de agua que debíamos canalizar y respetar, por ello se trazaron
zonas, caminos y áreas naturales a preservar.
Nuestra primera obra fue lo que hoy es nuestro garaje al pie de la carretera, creando una
plataforma sobre un promontorio de roca en el límite de la propiedad, donde recibiríamos
nuestros materiales y debajo guardar las herramientas en un pequeño almacén.
Con el paso del tiempo las ideas con la magia del lugar hicieron volar nuestra imaginación y
empezamos a soñar con las posibilidades que podríamos crear para diversas necesidades. Así nace
la primera plataforma de gran envergadura, nos tomó más de medio año hacerla, ya que la materia
prima, la piedra, si bien es cierto abundaba al inicio, requería de trabajo para trasladarla,
cuadrarla e instalarla. De igual manera la pendiente del terreno y dimensión de este muro
planteo la necesidad de hacer un muro con estructura armada al interior (columnas y vigas de
amarre), que forme una contención segura. El muro fue creciendo en ancho y alto, generando un
vacío con relación al talud natural, espacio que había que rellenar y nivelar, esto nos obligó a
buscar material de relleno en niveles superiores para lo cual tuvimos que nivelar áreas
superiores y así obtener material excedente para llenar el área requerida en la plataforma
inferior. Esto paso a ser un método obligatorio durante todo el proceso constructivo de RANGRA
WASI.
Si bien es cierto no contábamos con un presupuesto para estos trabajos, fuimos avanzando con
recursos propios mes a mes sin fechas límites para cada etapa, pero si con mucha ilusión y
armonía con el entorno. Tuvimos que hacer una delimitación del perímetro debido al
ensanchamiento de la carretera que pasa por la parte alta del terreno.
Pensamos en construir la guardianía en el lugar más alto, es entonces que iniciamos un trabajo
de corte y estabilización del talud con muros de contención armados cimentando el área para
edificar la supuesta guardianía, la cual con cada avance nos hacía pensar que la vista desde
esta altura no la debíamos ignorar. Cambiamos de idea y de guardianía paso a ser la base de
nuestros primeros Bungalows # 1 y 2. El diseño y arquitectura de RANGRA WASI fue moldeándose
según el terreno nos lo permitía, sea por sus niveles o las muchas formaciones de roca madre que
afloraban en cada excavación. Todo esto nos obligó en todo el proceso constructivo a variar los
diseños, rodeando las rocas o incorporándolas al diseño.
La lluvia pasajera o copiosa durante días fue un compañero que jugó un papel preponderante en
los diseños, nos hizo ver que debíamos canalizarla y almacenarla; de esta manera es que se
diseñaron todos los techos para que recojan agua de lluvia, se pre- filtren y almacenen en
tanques que están distribuidos por todo el terreno. Desde estos tanques se distribuye para regar
nuestros jardines cuando no llueve. Todo esto nos llevó a ser auto sostenibles en este recurso.
Como la teoría de que cuando trabajas una plataforma generas mucho material suelto (tierra y
piedras) debes acarrearlo y depositarlo en un lugar donde no afecte. Ello nuevamente nos lleva
al relleno de taludes detrás de los muros en ejecución. Y si ya está lleno debes empezar a
generar un nuevo andén. Allí nace la necesidad de la plataforma de los Bungalows # 3 y 4. Para
ello el área indicada y de poco uso estaba ocupada por una roca madre de gran tamaño.
Absurdamente empleamos tiempo y recursos tratando de romper las aristas que invadía el área que
deseábamos usar. La realidad nos mostró que era inútil y debíamos adaptarnos al terreno. Es por
ello que en el Bungalow #4 incorporamos la perpendicularidad de la roca y la convertimos en
parte de la ducha del baño y pared posterior del cuarto. Sobre la roca hicimos anclajes:
taladrando, insertando varillas de fierro con material epóxico, (dowell) y a partir de allí
generar soportes para anclar vigas de cimentación para formar muros para nuestra nueva
plataforma, donde llegaría todo el material excedente de la plataforma superior.
Un caso muy especial fue en el Bungalow # 3 allí vivía uno de los contados árboles nativos del
terreno, un árbol llamado Mora (pero no da mora) el cual debimos amarrar a las estructuras del
bungalow superior para sostenerlo mientras se excavaba a su alrededor para generar el muro de
contención. Tarea muy bien lograda y hoy ese árbol es mucho más grande y sano.
Una vez logrados los bungalows, retomamos el área destinada a la Casa Principal que habíamos
vislumbrado en algún momento. Ya para esta época en Lima se proyectó hacer un edificio en la que
fuera casa de mis abuelos; una casa miraflorina con estilo Tudor inglés. De ella rescatamos
puertas, ventanas, vigas y entablado que procesamos y enviamos a Leymebamba; fue con este
material que se fue forjando el carácter de la casa, donde pieza a pieza fue armando los
ambientes que hoy son su esencia. La piedra, la madera, los muros estucados en barro, la
simpleza.
Sin olvidar el techo que la cubriría, debía pensar en el reto que implicaría su diseño, donde
reflejara mi experiencia como arquitecto y como especialista en el trabajo de la madera. Es así
que desarrolle una viga diagonal tipo cercha de 1.30 de alto x 24 metros de largo apoyada solo
en dos columnas intermedias, sobre ella descansaría todo el techo. El reto fue grande, pero
logro que toda el área sea abierta y solo delimitada por las diferentes alturas en los
ambientes, que nos permitió tener ventanales por tres de sus cuatro frentes. Además, se usaron
ventanas de la casa del abuelo e insertando la vista del bosque a la casa.
Durante todo el proceso constructivo de años, siempre fue una constante la jardinería que fue de
la mano con cada área trabajada, trasladábamos los árboles ya adaptados en el vivero a las zonas
donde buscábamos crear jardines y así poder generar sombra y refugio para nuevos jardines. Con
esfuerzo y paciencia, creamos un área protegida donde reproducimos plantas de diversas flores
donde los colibríes se deleitasen.
Gracias al buen cuidado y clima cada 6 meses estas plantas habían colmado su área y debíamos
trasplantar, no antes dejando una porción para su continua reproducción. Con los años este
trabajo y el buen manejo de residuos orgánicos para formar nuestro propio abono, nos ha regalado
la belleza de disfrutar bastos jardines, alborotados por colibríes y otras aves que nos
encandilan con sus colores.
Para definir el carácter de RANGRA WASI, la fachada la trabajamos con un muro de piedra en la
base y rejas de madera recuperadas de la casa miraflorina, a las cuales les colocamos un techo
corrido a dos aguas con varas de ALISO sembrados y recuperados en todos nuestros años de
trabajo. Y para insertar el carácter de Leymebamba buscamos comprar tejas antiguas en desuso con
su patina envejecida, las que colocamos como sombrero en esta cerca de más de 100 años.